Sabiduría popular de Gran Canaria: desde la cumbre al cielo a través de la palabra hablada

Sabiduría popular de Gran Canaria: desde la cumbre al cielo a través de la palabra hablada

Autor: Sarai Cruz Ventura
Fotografías: José Yeray Rodríguez Quintana

Desde los tiempos más remotos de la humanidad, la palabra hablada ha constituido la fuente de conocimiento, de transmisión de saberes y valores culturales más natural y primitiva. Como bien indica Halliday (1989), «estamos tan rodeados de la lengua escrita que apenas podemos concebir la vida sin ella» (p. 40) y quizás sea esta la razón por la que muchas veces creamos que la sabiduría, la cultura, la historia o la literatura solo se encuentra en los libros. Si bien es cierto que la escritura llegó para dejar constancia del devenir de la raza humana a las generaciones posteriores, la oralidad siempre se ha erigido como transmisora del acervo cultural de los pueblos, sobre todo para aquellos que no conocen o practican la escritura y encuentran en la palabra hablada su principal medio de comunicación. Por eso la Unesco, consciente de la importancia que posee la oralidad para muchas comunidades, decidió considerar las tradiciones y expresiones orales como un ámbito del patrimonio intangible en la Convención para la Salvaguarda del Patrimonio Cultural Inmaterial del año 2003. La preservación, protección y difusión de estas manifestaciones son fundamentales, no solo para transmitir los saberes y valores sociales de los distintos pueblos, sino también para salvaguardar la memoria colectiva que mantiene viva las culturas.

Roque Nublo y Roque Bentayga

Con este mismo fin, hemos desarrollado un ilusionante proyecto que pretende poner en valor la sabiduría popular de la cumbre de Gran Canaria, transmitida de generación en generación a través de la palabra hablada. Este proyecto, que cuenta, además, con el apoyo institucional del Cabildo de Gran Canaria y de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, constituye un primer acercamiento al estudio de tradición oral viva de las cabeceras y cauces medios de Artenara, Tejeda, Gáldar y San Bartolomé de Tirajana, municipios donde se ha realizado la propuesta de zonificación de Risco Caído y los Espacios Sagrados de Montaña de Gran Canaria(1), candidatura a Patrimonio Mundial de la Unesco, coordinada por los arqueólogos Julio Cuenca y José de León. En este marco, el estudio de la tradición oral se ha abordado teniendo en cuenta la relación del ser humano con el paisaje y lo sagrado, encuadrada en el complejo universo del patrimonio intangible. De ahí que, dentro de la amplia diversidad de formas que comprenden las expresiones y tradiciones orales, nos propusiéramos estudiar los saberes relacionados con el conocimiento celeste, aspecto en el que nos centraremos en este artículo, y las manifestaciones orales relacionadas con la religiosidad popular, entendida como expresión de la espiritualidad inherente al ser humano. Estos constituyen uno de los capítulos menos conocidos, no solo de la isla de Gran Canaria, sino de nuestro archipiélago. La necesidad de documentar estos saberes se encuentra, principalmente, en la edad avanzada de sus poseedores, que aún preservan estos conocimientos como vestigio de la importancia que poseían en el pasado, a pesar de que hoy estos saberes puedan estar descontextualizados en una sociedad sumergida en las transformaciones sociales y económicas del nuevo siglo. Son precisamente estos factores los que ponen en peligro la preservación de estas manifestaciones culturales del mundo rural grancanario. Además, la situación de aislamiento y el alto nivel de autoctonía de las poblaciones cumbreras pueden suponer, a priori, que estemos ante un de los espacios que mejor conserve estas tradiciones.

Candita de Acusa
Candita de Acusa

El trabajo de campo se realizó en las distintas áreas geográficas objeto de estudio que se muestran a continuación:

  • Zona 1: Las Arvejas, Artenara, Chajunco, Las Cuevas, El Tablao, Juncalillo, Lugarejos, Coruña, La Hoyas, Barranco Hondo y El Hornillo.
  • Zona 2: Tejeda, El Majuelo, La Degollada, Casas del Lomo, Cuasquías y La Culata.
  • Zona 3: Acusa, Candelaria y Ventanieves.
  • Zona 4: El Carrizal, El Toscón, Timagada, Juncal y Ayacata.

La muestra obtenida ascendió a un total de 36 informantes con edades comprendidas entre 65 y 97 años. Teniendo en cuenta los ejes temáticos abordados, la búsqueda de los informantes adecuados se centró en aquellas personas que se han dedicado a oficios que requieren conocimientos del mundo celeste (arrieros, agricultores, ganaderos, pastores, oficios del bosque, etc.) o que poseen saberes relacionados con la religiosidad popular, como las santiguadoras, curanderos o personas vinculadas a la iglesia.

El cielo como predictor del tiempo y la hora

En muchas culturas del mundo, la observación de indicios relacionados con la bóveda celeste genera una serie de pronósticos que condicionan el desarrollo de las labores del campo y la vida cotidiana. De ahí que el conocimiento celeste se convierta en una herramienta indispensable en las regiones donde la subsistencia depende de la agricultura y la ganadería, sobre todo si hablamos de tiempos pasados carentes de medios tecnológicos que pudieran predecir, por ejemplo, las condiciones meteorológicas que afectarían a las cosechas. Por este motivo, no es de extrañar que en Canarias, lugar donde el sector primario constituyó la actividad principal hasta la llegada del boom turístico en los años setenta del siglo XX, la costumbre de pronosticar el tiempo, las estaciones y el horario, a través de la observación del cielo, esté arraigada entre los habitantes de mayor edad de nuestras islas, como lo demuestran las investigaciones etnoastronómicas realizadas por Belmonte (1995, 2000, 2001, 2006a, 2006b), uno de los principales estudiosos de esta materia en nuestro archipiélago. De la misma forma, los resultados de nuestra investigación constatan que estas prácticas predictivas constituyen una huella del pasado aún presente en la memoria oral de la cumbre de Gran Canaria. El análisis comparativo con los trabajos de Belmonte nos ha permitido poner de manifiesto no solo algunas características comunes al resto del archipiélago, sino también particularidades propias de la comarca objeto de estudio. En el siguiente cuadro, podemos observar los distintos astros en los que se fijan los habitantes de los municipios cumbreros y las distintas funciones que poseen:

NOMBRES POPULARESCUERPO CELESTE[2]Predicción meteorológicaFijación horaria 
VenusVenus (lucero vespertino)95,45 %4,55 %
LunaLuna100 %
Cabrillas, Cabritas o GanadoPléyades11,76 %88,24 %
AradoCinturón y Espada de Orión12,50 %87,50 %
SolSol4,55 %95,4 %
Lucero de la mañana o Lucero del albaVenus (lucero matutino)100 %
Cuadro 1: Cuerpos celestes. Predicciones meteorológicas y fijación horaria


Los astros predictores del tiempo más importantes para los habitantes de RCESM son la Luna y Venus ya que, como podemos observar, son los que cuentan con un mayor número de referencias. Estos cuerpos celestes se observan principalmente para pronosticar las temporadas de lluvia(3). La relación entre las precipitaciones y la Luna, que también se manifiesta en numerosas culturas (Krupp, 1991), se observa, principalmente, en la posición que ocupan en la esfera lunar los cuernos, pendones, arcos o rebolones, como los nombran los informantes(4). La mayor parte de nuestros informantes señalan que si los arcos se observan en dirección norte, pronostican lluvia, mientras que, si se sitúan hacia el este, se asocia con épocas de sequía.

Celaje
Celaje

Por otro lado, la trayectoria de Venus, según señalan nuestros informantes, se vigilaba durante todo el año, pero, con la llegada del otoño, se intensificaba su observación para saber si el inverno iba a traer lluvias abundantes. Nuestros entrevistados tienden a observar su recorrido tomando como referencia las desviaciones que se producen con respecto al horizonte y al territorio, que constituyen en este espacio los marcadores de la bóveda celeste. Son estas referencias, conocidas por los habitantes como puntos de lluvia o puntos de agua, las que unen cielo y tierra en una suerte de coordenadas que vaticinaban un mapa meteorológico fiable para la población cumbrera. De ahí que en cada barrio los habitantes se fijen en riscos, montañas o degolladas por los que medían la trayectoria de Venus.

En un tiempo donde traer un reloj en la muñeca no estaba al alcance de todos, la observación de la bóveda celeste se convertía en un recurso necesario para fijar los horarios. En la noche, los relojes celestes principales son las Pléyades, conocidas por los campesinos como Cabrillas, Cabritas o Ganado, y el asterismo conformado por el Cinturón y la Espada de Orión, que recibe popularmente el nombre de Arado. En el pasado, marcaban las horas previas al amanecer como señal para dar comienzo a las actividades agrarias. Con el mismo objetivo, observan el Lucero de la mañana, también llamado Lucero del alba (5), que se utilizaba para fijar la hora próxima al alba ya que indica, según señalan los informantes, las cinco y media o seis de la madrugada, aproximadamente. Para ello, también cumple un papel fundamental el territorio, donde montañas, riscos o lugares tan emblemáticos como el Roque Nublo se convierten en puntos de referencia horaria mediante la alineación de estos con los astros mencionados.

Durante el día, la hora se medía en función de la proyección de la sombra en un risco o en una cueva. La hora que solía marcar era normalmente las doce del mediodía. Esta práctica era muy habitual ya que, en muchos de los barrios cumbreros, la comunidad tenía como referencia algún punto del territorio para marcar la hora. Aún hoy, en algunos barrios como La Culata o El Carrizal, en Tejeda, las horas de la dula se siguen midiendo de la forma tradicional, por las sombras que proyecta la luz solar en cuevas, riscos o solapones(6).

Sabiduría popular de Gran Canaria: desde la cumbre al cielo a través de la palabra hablada

Además de la observación del cielo, la población isleña se fijaba en otros pronósticos como las cabañuelas, que vaticinan el tiempo predominante en las estaciones en función de lo que sucedía en determinados días del año. Entre las cabañuelas documentadas en RCESM cobra especial interés la de la Encarnación, el 21 de marzo, ya que solo se ha registrado hasta el momento en las poblaciones de la cumbre de Gran Canaria(7).

La práctica de las cabañuelas, presente en distintas culturas del mundo, convive además con los indicios que ofrecen otros fenómenos, como la dirección del viento, el avistamiento de otras islas en el horizonte o el análisis del comportamiento animal y del periodo vegetativo de las plantas, que se convertían también en predictores eficaces para la población local.

En vista de los resultados obtenidos, queda constancia de que la sabiduría que encierra la cumbre de Gran Canaria constituye un rastro más de la importancia que en el pasado poseían estos saberes para la población del archipiélago. Para muchos de nuestros informantes, sobre todo para los que siguen desarrollando su oficio, el cielo y los indicios que ofrece la naturaleza son la fuente de predicciones meteorológicas más fidedigna. Asimismo, se observa en los pobladores de RCESM un vínculo emocional con el territorio y con el cielo, que se convierte en el vecino omnipresente que ilumina toda la cumbre, sobre todo en épocas pasadas, donde la contaminación lumínica era prácticamente inexistente. Quizás sea precisamente esa indestructible conexión la que ha hecho que los habitantes de RCESM conserven su legado y lo trasmitan, a través de la oralidad, a una sociedad del siglo XXI que lo observa desde una óptica presente muy distinta. Trabajos como el que nos ocupa son fundamentales para valorar el patrimonio intangible de nuestro archipiélago, un patrimonio que debemos conservar y seguir transmitiendo a través de la palabra.


(1) En adelante RCESM.

(2) Los astros que nombran nuestros informantes pueden hacer referencia, probablemente, a los cuerpos celestes que aparecen en este listado. Para ello, nos hemos basado en el estudio sobre el mapa celeste del campesinado canario de Belmonte y Sanz de Lara (2001).

(3) Según documentan Belmonte y Sanz de Lara (2001), Venus es la estrella indicadora de la lluvia en todo el Archipiélago, donde un 70% de sus informantes la reconocen como portadora del agua.

(4) Según manifiestan Belmonte y Sanz de Lara (2001), la situación de estos arcos en la esfera Lunar determina si va llover en la mayoría de las Islas.

(5) Con estos términos se refieren a Venus como estrella matutina y la distinguen de la estrella Venus que observan al anochecer.

(6) La palabra solapón es un canarismo, documentado por la Academia Canaria de la Lengua para las islas orientales, que posee el significado de ‘visera o saledizo que se proyecta en las paredes de algunos riscos’. (Diccionario básico de canarismos, 2010, s.v. solapón).

(7) En los trabajos etnoastronómicos realizados en otras islas no se documenta esta cabañuela.

Bibliografía

Academia Canaria de la Lengua (2010): Diccionario básico de canarismos. La Laguna: Academia Canaria de la Lengua.

Belmonte Avilés, J. A. (2006a): “De la arqueoastronomía a la astronomía cultural”. Boletín informativo de la SEA, nº 15.

Belmonte Avilés, J. A. (2006b): “Tiempo y calendario en las culturas canarias”. El indiferente: Centro de Educación Ambiental Municipal, nº 18, 1, pp. 2-15.

Belmonte Avilés, J. A. et al. (1995): “Arqueoastronomía en Fuerteventura: una aplicación a la montaña de Tindaya”. Revista de la Academia Canaria de Ciencias, Vol. 7, Nº. 2-4, pp. 9-22.

Belmonte Avilés, J. A. et al. (2000): Arqueoastronomía hispánica: prácticas astronómicas en la prehistoria de la Península Ibérica y los archipiélagos balear y canario. Madrid: Sirius.

Belmonte Avilés, J. A. y M. Sanz de Lara Barrios (2001): El cielo de los magos. Tiempo astronómico y meteorológico en la Cultura tradicional del campesinado canario. Santa Cruz de Tenerife: Ediciones La Marea.

Halliday, M. (1989): Spoken and written language. Oxford: Oxford University Press.

Krupp, E.C. (1991): Beyond the Blue Horizon: Myths & Legends of the Sun; Start and Planets. Oxford University Press.