Palmeral de Montaña del Socorro. Las Palmas de Gran Canaria

Las Palmas de Gran Canaria

Texto: Juan José Laforet Hernández
Fotografías: Orlando Torres Sánchez

La conquista de Gran Canaria transcurre en el último tercio del siglo XV, exactamente entre 1478 y 1483, una vez que los Reyes Católicos obtienen los derechos de los señores de las islas ya conquistadas, al no haber sido capaz de someter a las islas de Gran Canaria, Tenerife y La Palma.

Palmeral de Montaña del Socorro. Las Palmas de Gran Canaria
Palmeral de Montaña del Socorro. Las Palmas de Gran Canaria

Los navíos de la empresa zarpan de las poblaciones andaluzas de Puerto de Santa María y Sanlúcar de Barrameda al mando del capitán Juan Rejón y del deán Bermúdez, y el 24 de junio de 1478 llegan al puerto natural de las Isletas. Ese mismo día, al avanzar en dirección sur y encontrar un frondoso palmeral, junto a un pequeño riachuelo de aguas cristalinas y permanentes en el barranco Guiniguada, deciden levantar el Real de las Tres Palmas, origen de la futura capital de Gran Canaria, que pronto se pasó a denominar Villa del Real de Las Palmas y, ya en tiempos de la Reina Juana, La Muy Noble y Leal Ciudad Real de Las Palmas.

El Real de Las Palmas, al que pronto por designio del Obispo Juan de Frías se trasladó desde San Marcial del Rubicón, en Lanzarote, la sede de la Diócesis de Canarias, acogió desde los primeros años del siglo XVI el inicio de las obras de la Catedral de Canarias, consagrada a Santa Ana, que ahora ha conmemorado su 500 Aniversario y constituye en la actualidad la obra arquitectónica más importante y destacada del patrimonio histórico – artístico de Canarias.

Las Palmas de Gran Canaria, a través de su historia de 526 años, ha vivido momentos enormemente significativos, que supusieron un autentico revulsivo y una enorme transformación, tanto que se puede hablar de verdaderas refundaciones de la ciudad.

Una primera refundación podemos ubicarla a partir del 29 de abril de 1483, cuando finalizada la conquista de la isla, tras los acuerdos entre aborígenes y castellanos, se da en el Real de Las Palmas un encuentro que supondrá una auténtica fusión en la que se inician 525 años de integración cultural, sin la que no se entendería ni el devenir histórico de esta población, ni su realidad a lo largo de las diversas etapas de su historia.

Vegueta. Las Palmas de Gran Canaria
Vegueta. Las Palmas de Gran Canaria

A lo largo del siglo XVI Las Palmas de Gran Canaria crece tanto en su estructura urbana como en la económica, gracias al comercio de la caña de azúcar y de las exportaciones de vinos; aparte de ser puerto de escala hacia América y África, constituyéndole enseguida en el núcleo más importante del Archipiélago. Esta fama hace que piratas y corsarios pongan sus ojos en ella. Pronto la ciudad sufre ataques como los de Drake o Hawkins en 1595, o el del almirante holandés Van der Does en 1599 que, pese a ser rechazado días después de su desembarco, en la histórica batalla de El Batán, trajo consigo un trágico decaimiento económico, del que la ciudad no se recuperaría durante décadas, encerrada entre las muralla y fortificaciones que debieron entonces levantarse para su protección, y de las que hoy se conservan algunos testimonios como el Castillo de Mata, el del Rey, restos de la antigua muralla, el torreón de San Pedro Mártir (popularmente conocido como “Castillo de San Cristóbal) y el antiguo Castillo de La Luz. Todo ello supuso otro nuevo capítulo en la transformación de la ciudad, que mantuvo esta nueva imagen casi intacta hasta mediados del siglo XIX.

Será entonces cuando, gracias al esplendor económico que ofrece el cultivo de la cochinilla y el Decreto de Puertos Francos de 1852, como a la presencia de una generación inquieta y preparada, que se había formado en universidades de la península y en otras de Francia e Inglaterra, la ciudad asista a una nueva refundación, al modernizarse y salir del estancamiento urbano en el que había estado durante más de dos siglos. Se construyen entonces muchos de los edificios más emblemáticos de la población, que se moderniza con nuevas calles y parques, poco a poco se la dota de servicios de agua, luz eléctrica, alcantarillado, teatros y centros culturales, o se mejoran sus servicios de transportes y comunicaciones.

Un nuevo cambio se dará a partir de 1900 con la inauguración del moderno y enorme Puerto de la Luz y de Las Palmas, en la privilegiada Bahía de Las Isletas, que enseguida se convirtió, como lo es en la actualidad, en el más importante de toda esta área del Atlántico. Sus actividades lo convierten no sólo en el motor económico de la isla, sino que atrae la presencia del primer turismo, con la construcción de modernas da instalaciones hoteleras y de servicios, a la par que la ciudad disfruta de un período de esplendor cultural, que se extiende hasta los años de la Guerra Civil y de la II Guerra Mundial.

En la década de los años sesenta del siglo XX la ciudad asiste a la expansión del nuevo turismo de masas, que se aloja en el entorno privilegiado de su Playa de Las Canteras, y disfruta de su bullicioso y divertido ambiente cosmopolita. Entonces el crecimiento es enorme, acogiendo a miles de nuevos habitantes que se trasladan desde el interior o desde otras islas, e incluso de fuera del Archipiélago, por lo que la ciudad, hasta el momento asentada en una amplia franja costera que sus va desde los antiguos barrios fundacionales de Vegueta y Triana hasta el Puerto de La Luz en La Isleta, pasa a ocupar en amplios espacios en terrenos que se extienden sobre las colinas que la bordeaban y sobre los que aún hoy continúa expandiéndose, lo que la hace la séptima ciudad de España por población y tamaño.

Playa de Las Canteras. Las Palmas de Gran Canaria
Playa de Las Canteras. Las Palmas de Gran Canaria

En los últimos años, en los del cambio de siglo y milenio, la ciudad asiste de nuevo a profundas transformaciones urbanas que buscan adecuarla a las necesidades de la centuria que comienza, entre ellas destaca la apuesta por la transformación y preservación de su litoral, o la construcción de modernos y emblemáticos edificios, entre ellos el del Auditorio Alfredo Kraus.

Durante siglos los palmeños, con mayor o menor acierto, intentaron refundar la ciudad ideal en la que creían. Hoy de nuevo reflexionan sobre la urbe que desean, la que les conviene y la que será posible, convencidos de que el progreso sólo vendrá de la mano de esta capacidad para refundar su población una y otra vez, aunque siempre bajo el signo de las de palmas y el rumor del viento en sus antiguos palmerales.