Poblado troglodita de Acusa Seca. Artenara

Artenara

Texto: José Antonio Luján Henríquez
Fotografías: Orlando Torres Sánchez

Montaña de Altavista. Artenara
Montaña de Altavista. Artenara

El municipio de Artenara, situado en la vertiente noroeste de la Isla de Gran Canaria, a 1.270 metros sobre el nivel del mar, ocupa una superficie de 69,9 km2, que se extiende en una franja desde La Montaña de Los Moriscos, a 1.777 m, hasta la orilla del mar, en la playa de Las Arenas. Su orografía es muy abrupta y se halla  atravesada por profundos barrancos. La población se asienta en caseríos en gran parte construidos en viviendas cueva por lo que su hábitat es esencialmente troglodita. La población actual es de 1.380 habitantes pero de manera permanente sólo residen 400 personas.

Poblado troglodita de Acusa Seca. Artenara
Poblado troglodita de Acusa Seca. Artenara

Artenara se describe como uno de los poblados aborígenes que existían entonces en la Isla. La población prehispánica se localizaba en Acusa, Artevirgo, Artenara y Tirma, núcleos enclavados en la línea que se extiende desde la Corte principal del Guanarteme (Gáldar), Las Cuevas del Guayre (Tejeda) hasta Ansite (Tirajana). En las excavaciones que se realizan en 1956 se hallaron importantes restos aborígenes, momias, pintaderas y objetos de ornamentación que se hallan depositados en El Museo Canario. Como episodio de la conquista hay que señalar que en 1482, Hernán Peraza llega hasta Artenara y obliga a sus habitantes a refugiarse con sus ganados en lugares más inaccesibles. En las incursiones que hacían los conquistadores frecuentemente se apoderaban de hombres, ganados y cosechas, y relata la historia cómo los hombres de Peraza intentaron apoderarse de dos mujeres en los elevados riscos de Tirma que, viéndose acorraladas y al borde del precipicio, prefirieron despeñarse antes de soportar la servidumbre.

El poblamiento histórico de Artenara se inicia ya entrado el siglo XVI, si bien hubo casi un siglo de pervivencia de la raza aborigen que progresivamente se fue mezclando con las familias de castellanos y portugueses que se fueron asentando en la zona de cumbres. Las tierras son repartidas y adjudicadas a la nueva población que continúa con las prácticas del pastoreo y comienza a desarrollar tareas agrícolas de subsistencia. La población de Artenara era muy escasa y se repartía en los núcleos de Artenara, Acusa y Artevirgo, actual barrio de Lugarejos, que desde fines del XVI se citan en los documentos. En Acusa y Artenara se construyen en el primer tercio del siglo XVII las ermitas de San Matías y de la Virgen de Candelaria, atendidas por los frailes del Convento de San Antonio, aunque dependientes del Beneficio parroquial de Santiago de Gáldar. De la ermita de la Virgen de La Cuevita no se tienen noticias hasta fines del XVIII. En 1742 Artenara recibe por primera vez la visita de un obispo, Juan Francisco Guillén, quien manda abrir los primeros libros sacramentales, pero su constitución en parroquia independiente no se produce hasta 1782. De la parroquia de San Matías dependían las ermitas de la Candelaria y de La Cuevita y la feligresía de Juncalillo que se constituye en parroquia en 1928.

Ermita Virgen de La Cuevita. Artenara
Ermita Virgen de La Cuevita. Artenara

El núcleo urbano principal de Artenara se crea progresivamente alrededor de la ermita de San Matías, en un tipo de viviendas que inicialmente eran cuevas y hasta 1850 sólo había dos casas de mampostería y el cementerio, que fue construido en el primer tercio del siglo XIX. El nuevo cementerio fue bendecido en 1988. Las primeras noticias de vida administrativa y ayuntamiento propio existen desde 1835 y anteriormente, desde el siglo XVII, existían los alcaldes reales que a la vez eran los mayordomos de la iglesia. El ayuntamiento no tenía sede propia y los documentos se custodiaban en la secretaría, que sufrió un incendio en 1895. La sede actual data de 1925 y fue ampliada con nuevas dependencias en 1980. La casa parroquial fue adquirida en 1870 y fue reconstruida a mediados del siglo XX. La primitiva ermita de San Matías fue sustituida por el templo actual, que se construyó en el último tercio del XIX y las torres y decoración interior se realizaron entre 1955 y 1970.

Hasta bien entrado el siglo XX Artenara era un núcleo aislado del resto de la isla y sólo se comunicaba con caminos reales que conducían a Agaete, a La Aldea, a Tejeda, y a San Mateo. La carretera llega al pueblo en 1939, lo que hace que  el municipio evolucione progresivamente hasta su estado actual. La primera instalación de luz eléctrica se realiza en 1957, servida sólo durante cuatro horas diarias en el casco e inmediaciones y a partir de 1964 se sustituye por la actual red eléctrica que progresivamente abarca todo el municipio.

En 1962 se construye el Mirador de la Montaña de La Cilla que supone un atractivo turístico para el pueblo. Las carreteras de Tamadaba, Acusa y Las Cuevas hasta Las Hoyas y Lugarejos traen consigo el desarrollo y modernización de esos barrios junto con una mejora en la calidad de vida de sus habitantes. La construcción del embalse de Candelaria hace que desaparezca bajo las aguas la antigua ermita del siglo XVII, por lo que en 1966 se construye una nueva iglesia en el borde norte de la Vega donde progresivamente se genera un nuevo núcleo urbano, a la vez que se experimenta un significativo cambio en las explotaciones agrícolas de la zona.

A partir de 1970 se desarrolla con mayor intensidad la repoblación forestal que ocupa el 80 % del territorio municipal y que, junto con la tradicional economía agrícola de subsistencia, es la actividad que ocupa a gran parte de la población. En las últimas décadas se ha producido una modificación sustancial en la relación del hombre con el medio debido a la dedicación preferente a actividades forestales.

Vega de Acusa. Artenara
Vega de Acusa. Artenara

Las instituciones locales que alcanzan mayor arraigo histórico son la Parroquia y el Ayuntamiento. Por una parte, la iglesia aglutina en su entorno una serie de creencias que condicionan las conductas y establece los perfiles y la tipología peculiar de la sociedad agropecuaria isleña; por otra, el ayuntamiento, con gran limitación de recursos propios, ha resistido desde sus orígenes algunos intentos por hacerlo desaparecer y mantiene una dinámica por lograr la cobertura de las necesidades vecinales.

Las tradiciones festivas más relevantes son las de San Matías Apóstol, patrono de la localidad y de los Pinares de Gran Canaria, que se celebra el último domingo del mes de febrero y las de la Virgen de La Cuevita, patrona de las agrupaciones folclóricas canarias y del Ciclismo grancanario que le tributan sendos homenajes en el marco de las fiestas que se celebran a lo largo del mes de agosto.